
¿Cuántas veces no hemos terminado una discusión con nuestra pareja deseando intensamente que cambie, que sea distinta? Sé sincero, lector, es algo común cuando los problemas nos rebasan. Adjetivos como “la tóxica” o “el tóxico”, tan en boga en nuestros días, dan cuenta de lo anterior. Detengámonos un momento y realicemos juntos el siguiente ejercicio:
trata de recordar una discusión reciente con tu pareja donde las cosas se hayan salido de control. ¿La recuerdas? ¡Bien! Ahora, trata de recordar los comentarios que más te molestaron de esa discusión: quizás versaban sobre la falta de tiempo que pasan juntos, o diferencias entre las muestras de cariño de cada uno, o tal vez sobre las labores de la casa. Una vez que hayas identificado el comentario que más te haya molestado, quiero que recuerdes la forma en que reaccionaste: ¿lo negaste, lo evitaste, trataste de desviar el tema tratando de encontrar errores en tu pareja, etc.?
Si tu respuesta es afirmativa, ¡no te preocupes! Es lo más común cuando enfrentamos problemáticas que nos rebasan: nos sentimos frustrados, muchas veces enojados. Es normal. No obstante, que sea normal no significa que sea lo más apropiado.
Piensa lo siguiente: la forma en que usualmente reacciono a los problemas en mi relación, ¿qué consecuencias tienen a largo plazo? ¿Te acercan más a tu pareja o, por el contrario, te distancian? ¿No te parece increíble que puedan terminar distanciados a pesar del amor que tú y tu pareja sienten el uno por el otro? Distingamos, para empezar, lo siguiente. Desde la Terapia Integral de Pareja, distinguimos entre el “problema inicial” y el “problema reactivo” (Christiensen & Jacobson, 2000, Reconcilable Differences). Mientras que el problema inicial es la problemática inicial que la pareja enfrenta en un momento determinado (por ejemplo, el tiempo que pasan juntos), el problema reactivo surge de los intentos de ambos para lidiar con dicho problema. Pongamos un ejemplo:
María y Dafne son pareja desde hace dos años. Se conocieron en la oficina, por lo que solían pasar todo el día juntas. Sin embargo, hace dos meses María decidió renunciar a su empleo, pues sentía que podía encontrar un empleo con mejor paga. Tras un mes de búsqueda, María encontró un empleo mayor remunerado, pero que le demanda mayor tiempo. Aunque al inicio lo anterior no significó ningún problema, Dafne, desde hace un mes, se muestra descontenta con el tiempo que pasan juntas (problema inicial). Una vez iniciada la discusión, María termina por explotar y decirle a Dafne que es una incomprensiva, debido a que decidió buscar un mejor empleo para que ambas pudieran comprar un departamento. Dafne, por su parte, acusa a María de ser una egoísta, y de solo interesarse por el dinero (problema reactivo). Al finalizar la discusión, ambas se sienten impotentes, pues no saben qué hacer para volver a tener una buena convivencia (polarización, ver la entrada anterior).
¿Cómo es que la “aceptación” puede ayudarnos? La pregunta es totalmente valida, pues cuando los problemas emergen, lo primero que deseamos es solucionarlos, encontrar cambios en el comportamiento del otro. Sin embargo, tenemos que ser cuidadosos con estas ansias de cambio. La forma en que estos cambios suelen realizarse en la Terapia Conductual de Pareja, es mediante la promoción de reglas que fijan comportamientos de interés para ambas partes (por ejemplo, mientras que una parte de la pareja demanda mayor cantidad de caricias, la otra parte puede solicitar mayor colaboración en la limpieza de la casa). Sin embargo, estudios como el de Catania, Shimoff y Matthews (1989, An experimental analysis of rule-governed behavior), dan cuenta de que cambios en el comportamiento generados por este tipo de estrategias, a largo plazo pueden ser problemáticos. Esto es algo que la Terapia Integral de Pareja reconoce, pues dichos cambios pueden percibirse como “forzados” o como artificiales, lo que tendrá repercusiones a largo plazo (ver Barraca, Terapia Integral de Pareja. Una intervención para superar las diferencias irreconciliables). Al contrario, cuando la aceptación viene primero, ésta pavimentará el camino para el cambio (Christiensen, Doss & Jacobson, Reconcilable Differences, p. 14).
¿Cómo entender, pues, la aceptación? Si bien es un concepto de moda dentro de las terapias de conducta de tercera generación (en próximas entradas hablaremos al respecto), tenemos que ser cuidadosos al momento de plantearlo en pareja, pues fácilmente puede prestarse a malentendidos: por ejemplo, equiparar aceptación con resignación. NO, la aceptación dista de suponer que uno o ambos miembros de la pareja se resignen ante cualquier posibilidad de cambio. ¿Aceptación, pues, de qué? Podríamos decir que se promueve la aceptación de las siguientes ideas:
- Cada integrante de la pareja tiene sentimientos que son comprensibles (es decir, no se trata de personas “tóxicas”),
- Cada integrante de la pareja tiene una historia que dota de sentido a sus reacciones emocionales,
- Cada integrante de la pareja tiene una porción de la verdad al momento de enfrentar los problemas y
- La posición que cada integrante de la pareja toma frente a los problemas es digna de atención y consideración (Christiensen, Sevier, Simpson & Gattis, 2004, Acceptance, Mindfulness, and Change in Couple Therapy).
¿Por qué es importante promover la aceptación en nuestras relaciones? La respuesta es sencilla: porque todos somos distintos. No por nada Sartre, en su drama A puerta cerrada, pronuncia, enérgicamente, que “el infierno son los otros”. A pesar de estas diferencias, lector, no te parece increíble que exista el amor? Si, a pesar de las diferencias, amamos y somos amados, ¿no te parece que, más valioso que esas ansias de cambio, sea la aceptación (entiéndase como comprensión) el pilar de las relaciones ya no solo de pareja, sino humanas? Sin embargo, y como ya escribimos en párrafos anteriores, aceptar no es igual a resignarse. Los cambios tendrán que ser generados en un contexto de aceptación. En la siguiente entrada hablaremos de cómo es que estos cambios se generan. ¡No nos dejes de leer!
Gracias por tu tiempo, lector.
Amada: no has querido plasmarte jamás
Como lo ha pensado mi divino amor…
César Vallejo, Para el alma imposible de mi amada.
Me siento invalidada en mis sentimientos y en el respeto y en los acuerdos y él me dice que yo no le provoco que tenga erecciones conmigo porque no le tengo confianza y por que no le creo nada.
Pero es que yo me siento de la siguiente manera;
Cuando hacemos un acuerdo, él lo rompe muy fácilmente y en vez de preguntarme si estoy de acuerdo me impone que ese acuerdo no es tan serio, para mí esto es muy importante porque yo no rompo acuerdos y me lastima, pero cuando trato de hablar sobre eso él se molesta y me dice que yo en el año de 1800 hice tal o cual cosa etc
Me ha puesto el cuerno muchas veces y nunca ha querido hablar de eso y me dice que eso ya pasó hace dos años o tal tiempo pero quiere que le tenga confianza y no podemos cerrar desde el primer tema.
Me trata mal y cuando nos enojamos me humilla y me menosprecia.
No me da mi lugar y coquetea con todas frente a mí y detrás de mí.
Y más cosas, más!